sábado, 1 de octubre de 2011

Los demonios...

"Aquella mañana nos encontramos la cama de Marina vacía, sin sábanas. no había ni rastro de la catedral de madera ni de sus cosas. [...] La noche anterior, apenas un par de horas después de que nos hubiésemos ido, Marina había sufrido una insuficiencia respiratoria y su corazón había estado parado durante treinta y cuatro segundos. La habían reanimado y ahora estaba en la unidad de vigilancia intensiva, inconsciente. Su estado era estable y Rojas confiaba en que pudiese salir de la unidad en menos de veinticuatro horas, aunque no nos quería infundir falsas esperanzas. [...]
-¿Puedo ver a mi hija? -preguntó Germán.
Rojas personalmente nos acompañó a la UVI. Marina estaba atrapada en una burbuja de tubos y máquinas de acerco más monstruosa y más real que cualquiera de las invenciones de Mijail Kolvenik. Yacía como un simple pedazo de carne al amparo de magias de latón. Y entonces vi el verdadero rostro del demonio que atormentaba a Kolvenik y comprendí su locura.
Recuerdo que Germán rompió a llorar y que una fuerza incontrolable me sacó de aquel lugar. Corrí y corrí sin aliento hasta llegar a unas ruidosas calles repletas de rostros anónimos que ignoraban mi sufrimiento. Vi en torno a mí un mundo al que nada le importaba la suerte de Marina. Un universo en el que su vida era una simple gota de agua entre las olas."

Carlos Ruiz Zafón. Marina.

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